Transiciones energéticas: el patrón que nadie esperaba
Las transiciones suelen describirse como reemplazos: la era de la leña dio paso a la del carbón, y esta a la del petróleo. Las estadísticas de producción dicen otra cosa, y la diferencia entre ambos relatos importa para toda proyección construida sobre el primero.
La estadística que nadie cita
La biomasa - leña, carbón vegetal, restos de cosecha - se trata habitualmente como el combustible del mundo preindustrial. Su consumo mundial es hoy mayor que en cualquier momento del siglo XIX, porque la población creció más deprisa de lo que cayó la proporción que usa otros combustibles. Alrededor de 2.000 millones de personas siguen cocinando con combustibles sólidos.
El carbón sigue la misma forma. Su cuota en la energía primaria mundial alcanzó su máximo hacia 1910 en torno a la mitad, y ha caído sin pausa desde entonces; sin embargo, el consumo absoluto de carbón alcanzó su récord histórico en la década de 2020, impulsado por la demanda eléctrica asiática. Una cuota que baja y una cantidad que sube son del todo compatibles, y confundirlas es el error más común del comentario energético.
El petróleo tampoco sustituyó al carbón. Se quedó con el transporte, donde el carbón no tenía nada que hacer, mientras el carbón conservaba la electricidad y el acero. El gas tomó después la calefacción y una cuota creciente de la generación sin desplazar a ninguno. En cada etapa el recién llegado ocupó terreno que el titular no podía sostener, y el titular conservó el resto.
La generalización histórica honesta no es, por tanto, que las fuentes se reemplacen entre sí. Es que se acumulan, y que el consumo total ha subido lo bastante para hacerles sitio a todas. Toda proyección que dé por supuesta la sustitución da por supuesto algo que la historia todavía no ha producido.
Por qué tardaron tanto
Desde el primer pozo comercial de petróleo en 1859 hasta que el petróleo aportó una décima parte de la energía mundial pasaron unos sesenta años. El gas natural tardó un plazo comparable. La nuclear fue del primer reactor comercial al máximo de su cuota en unos treinta y cinco años, y fue la transición a gran escala más rápida registrada hasta hace poco.
El retraso rara vez estuvo en la tecnología de conversión. La máquina de vapor, la combustión interna y la turbina funcionaban bien antes de generalizarse. Lo que costó décadas fue todo lo que las rodea: oleoductos, refinerías, buques, gasolineras, redes, normas, mano de obra formada y capital dispuesto a financiar activos que se amortizan en treinta años.
La infraestructura existente también se resiste. Una central de carbón construida en 2015 tiene una vida de diseño que llega a los años sesenta de este siglo, y una caldera, un gasoducto o una flota de vehículos encarnan decisiones que siguen generando demanda de su combustible mucho después de que la decisión parezca equivocada. Eso es el bloqueo tecnológico, y por eso la edad del parque de capital de un país predice su trayectoria de emisiones mejor que su política declarada.
Conviene tener a la vista un contraejemplo parcial. La solar pasó de una cuota insignificante a una fracción sustancial de las adiciones anuales de capacidad en menos de dos décadas, más rápido que ninguna fuente previa, porque un parque solar es un producto fabricado que se instala en meses y no un megaproyecto que se construye a lo largo de una década. La fabricación escala de forma distinta a la construcción, y esa puede ser la diferencia estructural más importante del caso actual.
Cómo se impusieron realmente las fuentes nuevas
En cada caso histórico, el recién llegado no venció al titular en la tarea del titular. Hizo algo que el titular no podía hacer en absoluto.
El carbón venció a la leña no en precio - la leña era gratis para cualquiera junto a un bosque - sino en concentración y disponibilidad. Los bosques británicos cercanos a las ciudades que necesitaban combustible estaban agotados, y el carbón era lo bastante denso para que compensara transportarlo. Además permitió fundir hierro a una escala que el carbón vegetal nunca habría alcanzado.
El petróleo venció al carbón en portabilidad. Un coche de carbón no es una propuesta seria, y un avión de carbón menos aún. La ventaja del petróleo era ser líquido, denso en energía y bombeable, lo que hizo posibles motores sin equivalente de carbón. Donde el carbón bastaba - potencia estacionaria, acero - sobrevivió otro siglo.
El gas ganó por limpieza en el punto de uso y por coste de capital. Una turbina de gas es barata y rápida de construir comparada con una central de carbón, lo que importó enormemente en cuanto se liberalizaron los mercados eléctricos y los inversores quisieron amortizaciones más cortas.
El patrón sugiere que la pregunta útil sobre cualquier fuente nueva no es si resulta más barata por kilovatio-hora que lo existente, sino si hace algo que el titular no puede hacer. Una fuente que solo es una versión algo mejor de otra ya existente compite contra activos amortizados y suele perder; una fuente con una capacidad genuinamente distinta se crea su propio terreno.
Qué es distinto esta vez
Tres cosas no tienen precedente histórico, y cada una merece enunciarse sin exagerar.
Primera, el coste. Las transiciones previas corrieron sobre fuentes que al principio eran más caras y ganaron por capacidad. La solar y la eólica son hoy la fuente más barata de electricidad nueva en gran parte del mundo, lo que invierte la secuencia habitual: la fuente nueva llega ya más barata en lugar de crecer hasta serlo.
Segunda, la política deliberada. Las transiciones anteriores las impulsó la ventaja privada, con los gobiernos detrás. Esta tiene objetivos explícitos, precios del carbono, subvenciones y fechas de cierre. Que la política sea bastante fuerte es discutible; que esté presente a una escala sin precedente, no.
Tercera, la demanda. Toda transición histórica ocurrió mientras el consumo total subía con fuerza, de modo que las fuentes nuevas podían crecer sin que nada encogiera. En los países ricos la demanda lleva dos décadas plana o en descenso, así que la capacidad nueva ahora toma cuota en lugar de absorber crecimiento. En el mundo la demanda sigue subiendo, y por eso el patrón de suma persiste globalmente aunque se haya roto localmente.
La conclusión razonable queda entre las dos posiciones conocidas. El registro histórico sí argumenta que las transiciones son más lentas y menos completas de lo que sugieren los anuncios, y sería descuidado desdeñarlo. Las tres diferencias son reales, y sería igual de descuidado suponer que el pasado simplemente se repite. Lo que la historia establece con firmeza es que el resultado depende de si se retiran activamente los activos viejos, porque nada en el registro muestra una fuente nueva expulsando a una vieja por sí sola.
Preguntas frecuentes
¿Sustituyó el carbón a la leña como fuente de energía?
No. La cuota del carbón subió mientras el consumo de leña también seguía creciendo en términos absolutos, y el uso mundial de biomasa es hoy mayor que en el siglo XIX. Cada transición histórica sumó una fuente nueva sobre las existentes en vez de sustituirlas, con un consumo total que subió lo bastante para acomodar ambas.
¿Cuánto han tardado las transiciones energéticas pasadas?
Normalmente de 50 a 100 años desde en torno al uno por ciento del suministro hasta una cuota sustancial. El petróleo tardó unos sesenta años desde el primer pozo comercial hasta una décima parte de la energía mundial. La restricción rara vez fue la tecnología de conversión sino la infraestructura circundante: oleoductos, redes, normas, mano de obra y capital de larga amortización.
¿Por qué triunfó cada fuente nueva?
Haciendo algo que el titular no podía, y no por ser más barata en la misma tarea. El carbón era transportable y denso donde la leña no era ninguna de las dos cosas; el petróleo era líquido y bombeable, lo que hizo posibles motores sin equivalente de carbón; el gas era limpio en el punto de uso y rápido de construir.
¿Es distinta la transición actual?
En tres puntos concretos. La solar y la eólica ya son la electricidad nueva más barata en vez de llegar caras; la política empuja deliberadamente a una escala sin precedente; y la demanda se ha estancado en los países ricos, así que la capacidad nueva toma cuota en lugar de absorber crecimiento. En el mundo la demanda sigue subiendo, y el patrón de suma persiste.
¿Qué establece realmente el registro histórico?
Que las fuentes nuevas no expulsan solas a las viejas. En todos los casos documentados el titular conservó el terreno que el recién llegado no pudo tomar, y retrocedió solo en cuota, no en cantidad. Que el parque viejo se retire activamente importa por tanto más que la velocidad a la que crece la fuente nueva.