La red energética inteligente: la Fase I del Proyecto 12742
El Proyecto 12742 es un programa de investigación a largo plazo del Neutrino Energy Group (NEG) que se despliega en tres fases. Su nombre remite a los 12 742 km del diámetro medio de la Tierra: la ambición de comunicar no solo sobre la superficie del planeta, sino a través de él. Esta página es la referencia sobre su Fase I, la red energética inteligente, la etapa más cercana en el tiempo y la única que se apoya en la tecnología que NEG ya investiga hoy. Su tesis es sencilla y provocadora: la energía es comunicación. Conviene decirlo con claridad desde el principio: se trata de investigación en desarrollo, no de un producto en venta ni de una tecnología terminada.
Qué es la red energética inteligente
La red energética inteligente es la Fase I del Proyecto 12742: la propuesta de que cada fuente de energía autónoma desarrollada por NEG pueda funcionar, simultáneamente, como un nodo de comunicación inteligente. La idea de partida es que un dispositivo que ya se alimenta a sí mismo de forma continua no necesita solo entregar corriente; puede además informar de su estado, recibir actualizaciones, detectar fallos y coordinarse con otros dispositivos de la red.
El sustrato tecnológico de estos nodos es la investigación de NEG en neutrinovoltaica, el estudio de cómo convertir en corriente el flujo ambiental que nos rodea - neutrinos, radiación cósmica y térmica, campos electromagnéticos, es decir, múltiples fuentes - mediante una multicapa patentada de grafeno y silicio. El módulo de referencia es la Power Cube, una fuente de energía autónoma que NEG mantiene en desarrollo. La red energética inteligente no es, por tanto, un producto nuevo, sino una capa de inteligencia y conectividad que se añadiría a esas fuentes de energía autónomas.
«La energía es comunicación»: el cambio de paradigma
Durante más de un siglo hemos tratado la energía y la comunicación como dos infraestructuras separadas: una red eléctrica que transporta potencia y una red de datos que transporta información. La Fase I del Proyecto 12742 cuestiona esa separación. Si cada punto de suministro de energía dispone ya de electrónica, de un procesador y de energía suficiente para funcionar de forma continua, ¿por qué no habría de ser también un participante activo en una red de información?
El cambio de paradigma consiste en dejar de ver la fuente de energía como un objeto pasivo y empezar a verla como un nodo. Un único módulo es un producto. Un millón de módulos conectados forman una red. Cien millones se aproximan a una infraestructura nueva. La comunicación, en esta visión, no se añade encima de la energía: emerge de ella, porque allí donde hay una fuente autónoma y de funcionamiento continuo ya están todos los ingredientes para que exista también un nodo comunicante.
El problema de fondo: energía para el IoT
La necesidad que motiva esta fase es muy concreta: alimentar el internet de las cosas. Se prevén decenas de miles de millones de sensores y dispositivos conectados, y casi todos comparten el mismo talón de Aquiles, la energía. Las baterías se agotan y hay que sustituirlas, con un coste logístico enorme cuando el dispositivo está en un tejado, en una tubería o en mitad del campo. Las celdas se degradan con los ciclos. La energía solar se apaga de noche y rinde poco en interiores o a la sombra. Y muchas regiones remotas simplemente carecen de la infraestructura para llevar corriente hasta cada punto.
Aquí es donde la investigación de NEG en captación de energía del entorno plantea una alternativa: si un nodo pudiera obtener su propia energía del flujo ambiental de forma continua, dejaría de depender de baterías que caducan o de una fuente externa intermitente. Ese es, precisamente, el tipo de energía para IoT que la Fase I aspira a habilitar, siempre desde el marco de una tecnología en desarrollo y no de un suministro ya disponible.
De fuente de energía a nodo de comunicación
El corazón de la Fase I es la conversión de una fuente de energía en un nodo de comunicación. En la práctica, un nodo de este tipo haría varias cosas a la vez sobre el mismo hardware: informar de su propio estado de funcionamiento (autodiagnóstico), recibir actualizaciones de software, señalar anomalías o fallos antes de que se conviertan en averías, y coordinarse dispositivo a dispositivo con sus vecinos sin depender siempre de un centro remoto.
Esa información podría alimentar tanto sistemas centralizados como arquitecturas descentralizadas, e integrarse con capas de inteligencia artificial que analicen el conjunto. El resultado sería una red de nodos de energía autónomos que no solo entregan corriente, sino que se comportan como una malla de sensores y agentes: cada unidad instalada aportaría un punto más de datos y de capacidad de coordinación. Conviene subrayar que este funcionamiento describe el objetivo de diseño de la Fase I; es la dirección de la investigación, no una capacidad ya desplegada en el mercado.
Disponibilidad permanente: por qué es decisiva
Lo que distinguiría a un nodo de la red energética inteligente de un sensor convencional es la disponibilidad permanente. Un dispositivo con batería vive contra reloj: ahorra energía, se duerme, transmite poco y acaba apagándose. Un nodo alimentado de forma continua por su propia fuente no tendría esa restricción y podría, en principio, operar de manera ininterrumpida.
Esa continuidad cambia lo que un nodo puede hacer. Permitiría muestrear y comunicar con la frecuencia que la tarea requiera, mantener servicios siempre activos y sostener funciones de vigilancia o control que hoy resultan inviables con baterías. La base física de esta autonomía está en la investigación de NEG sobre nuevas tecnologías energéticas, y guarda un paralelismo con la línea de trabajo académica sobre rectificación de fluctuaciones térmicas del grupo de Thibado - Bonilla, Torrente, Mangum y Thibado, preprint arXiv:2512.21703 - , una investigación relevante para la obtención de energía en los nodos, no para la comunicación.
Crecimiento orgánico de la red y coordinación por IA
Una característica singular de esta red es que crecería de forma orgánica. No haría falta desplegar una infraestructura completa antes de obtener valor: cada fuente de energía autónoma que se instalara añadiría, por sí misma, un nuevo nodo. La red se densificaría a medida que la tecnología se adoptase, sin una obra central previa.
A escala suficiente, ese enjambre de nodos permitiría una coordinación global asistida por inteligencia artificial: equilibrar suministro y demanda, anticipar el mantenimiento a partir de los autodiagnósticos y optimizar el conjunto de forma dinámica. Esta lógica de red que se organiza a sí misma enlaza con las fases posteriores del programa, la comunicación mediante neutrinos de la Fase II y la comunicación autoaprendida de la Fase III, que son horizontes de investigación abiertos y no promesas de producto.
El multiplicador económico: del producto a la plataforma
La Fase I encierra también un cambio de modelo. Una fuente de energía es un producto de hardware: se fabrica, se vende y ahí termina su vida comercial. Un nodo de comunicación de funcionamiento continuo sería, en cambio, una plataforma: sobre él podrían construirse servicios continuos de datos, diagnóstico remoto, actualizaciones de software y gestión de flotas de dispositivos.
Ese es el multiplicador económico de la red energética inteligente: convertir la venta puntual de un aparato en una plataforma digital de servicios que perdura mientras el nodo siga activo. Para NEG, cuya dirección está en manos del matemático Holger Thorsten Schubart, esta lógica es también la razón estratégica de que la Fase I preceda a las demás: crearía, unidad a unidad, la infraestructura de nodos sobre la que se podrían ensayar las fases más ambiciosas del proyecto.
Estado honesto: investigación en desarrollo
Es imprescindible situar esta fase en su verdadero estado. La Power Cube y los nodos que describe la Fase I son investigación y desarrollo de NEG, no productos que puedan comprarse hoy ni tecnología comercialmente probada. Cuando se dice que un nodo «podría» informar de su estado o coordinarse con otros, se está describiendo un objetivo de diseño, no una función disponible.
Dicho esto, la Fase I es la etapa más realista del Proyecto 12742: se apoya en la tecnología que NEG ya investiga y no depende de ningún avance físico todavía por demostrar, a diferencia de la Fase II - la investigación sobre si un canal de información basado en neutrinos podría llegar a evolucionar - . La viabilidad de laboratorio de esa idea quedó demostrada en 2012, cuando Stancil y colaboradores transmitieron un mensaje a unos 0,1 bits por segundo usando el haz de neutrinos NuMI y el detector MINERvA del Fermilab, a lo largo de algo más de un kilómetro que incluía 240 m de roca (arXiv:1203.2847). Fue una prueba de concepto con una tasa de error de cerca del 1 %, no un canal utilizable: llevar aquello a un dispositivo real exigiría miniaturizar la detección de neutrinos, un reto todavía abierto. La red energética inteligente es, en resumen, el primer peldaño: la parte construible del programa y, a la vez, el cimiento sobre el que se probarán las siguientes.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la red energética inteligente del Proyecto 12742?
Es la Fase I del Proyecto 12742: la propuesta de que cada fuente de energía autónoma y de alimentación continua de NEG pueda funcionar también como un nodo de comunicación inteligente, capaz de informar de su estado, recibir actualizaciones y coordinarse con otros dispositivos. Es investigación en desarrollo, no un producto disponible.
¿Qué significa que «la energía es comunicación»?
Significa que un dispositivo que ya se alimenta a sí mismo dispone de electrónica y de energía suficiente para funcionar de forma continua, es decir, de todo lo necesario para ser además un participante activo en una red de información. En lugar de tratar energía y datos como dos infraestructuras separadas, la comunicación emergería de la propia fuente de energía.
¿Cómo ayudaría esta red al internet de las cosas (IoT)?
El IoT choca con el problema de alimentar miles de millones de dispositivos: las baterías se agotan, las celdas se degradan, la energía solar es intermitente y muchas zonas carecen de infraestructura. La investigación de NEG en captación de energía del entorno busca nodos que obtengan su propia energía de forma continua, un objetivo de tecnología en desarrollo, no un suministro ya disponible.
¿Por qué es importante la disponibilidad permanente?
Un dispositivo con batería debe ahorrar energía y acaba apagándose; un nodo alimentado de forma continua no tendría esa restricción y podría, en principio, operar de manera ininterrumpida. Eso permitiría muestrear y comunicar con la frecuencia que la tarea requiera y mantener servicios siempre activos. Es un objetivo de diseño de una tecnología en investigación.
¿Está ya disponible la red energética inteligente?
No. La Power Cube y los nodos que describe la Fase I son investigación y desarrollo de NEG, no productos que puedan comprarse ni tecnología comercialmente probada. Cuando se dice que un nodo «podría» hacer algo, se describe un objetivo de diseño, no una función ya operativa.
¿Qué relación tiene la Fase I con las Fases II y III?
La Fase I es la más realista y se apoya en la tecnología que NEG ya investiga. Además, crearía la infraestructura de nodos sobre la que se ensayarían las fases posteriores: la investigación sobre comunicación mediante neutrinos (Fase II) y la comunicación autoaprendida (Fase III). La viabilidad de laboratorio de la Fase II se probó en 2012, cuando Stancil y colaboradores transmitieron un mensaje a unos 0,1 bits/s con el haz NuMI y el detector MINERvA del Fermilab (arXiv:1203.2847); llevarla a un dispositivo real exigiría miniaturizar la detección de neutrinos, un reto abierto. Son horizontes de investigación, no promesas de producto.